Vemos
como poco a poco el país se separa, cada vez más oponentes al régimen. No
solamente se busca el cambio, y no es ese el problema. Lo que se desea
encontrar es un giro de 180 grados, es decir, una España completamente
diferente. ¿Qué nos quedará de nuestra historia? ¿Qué será de los que apoyan al
actual gobierno?
El
problema no es el deseo de una forma política, sino el de un país libertino,
sin líderes que ofrezcan estabilidad.
Con la creación de nuevos partidos, para mí amenazas, el éxito no está
asegurado, lo que puede provocar un desequilibrio ecónomo y social.
Las
noticias más actuales pueden ser denominadas como bárbaras. Los estudiantes son
los protagonistas en cada informativo, pancartas y voces en señal de protesta,
enturbian día a día, la única programación decente de la televisión. Y no sólo eso, te los encuentras en la calle cuando
vas a comprar el pan.
Al
grito de cambio intentan desafiar al gobierno español para que la ley educativa
sea modificada. ¿Todo es negativo para el país? ¿Cada elección de Wert es
errónea? Eso parece ser, según afirman los más rebeldes de la facultad,
produciendo el caos en las calles, mientras los otros dan la tarea en clase.
Pues
para eso hemos quedado, para tener que escuchar a los anti-sistema una, dos o
tres veces más. En este momento tenemos que aguantarnos y callar hasta que se
amansen las fieras, es lo que toca. La conservación de poder en el gobierno es
necesaria, diría que obligatoria. Cualquier tipo de cambio político o crítica
al estado perjudica la unión de los ciudadanos, y con ello, mayor diversidad de
opiniones, negando el sí al acuerdo.
La
educación es vital, y el desarrollo aún más. Por esa razón, sentencio y afirmo,
la presidencia es sabia, y con ella, sus decisiones.
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